El MAS ha representado en Bolivia un cambio drástico en la vida de millones de bolivianos. La gestión encabezada por Evo Morales desde el año 2006 significó un verdadero antes y después, un proceso político nunca vivido en los casi 200 años de existencia de esta nación. Este país ha experimentado un progreso rotundo en la mejora de las condiciones de vida y el bienestar de la población, históricamente marginada desde tiempos de la colonia, en beneficio de unos pocos.
Jaldín explicándonos la realidad boliviana y dándonos una percepción sobre nuestro país.
En esta ocasión tenemos a un protagonista del sector juvenil de este proceso: José Rafael Jaldín, dirigente de la juventud del MAS chuquisaqueño que accedió a conversar con Latinoamericanizando para tocar múltiples temas que nos ayudarán a comprender mejor este presente que está viviendo Bolivia.
Llegamos al punto de encuentro. Mientras lo esperamos en el Palacete "El Guereo", nos encontramos por sorpresa con el alcalde de Sucre, Iván Arcienega, que se apresura en bajar de un vehículo e ingresa al edificio. Algunas fuentes del partido nos reconocieron en el mes de mayo que "no retendrá la alcaldía", puesto que Sucre no es el lugar donde el MAS se siente más cómodo, y "la situación no es la óptima en la ciudad como cuando fue elegido". Minutos más tarde nos encontramos con Rafael, con "Cheo", como lo suelen llamar sus amigos y amigas.
En él hemos encontrado a otro tipo de militante, distinto del argentino: habla sin pelos en la lengua sobre las virtudes y deficiencias del gobierno en curso y de la agrupación a la que pertenece. La franqueza y la autocrítica se pueden reconocer allí, aunque también podemos encontrar en las agrupaciones juveniles bolivianas un esquema mucho más centralizado y jerárquico -al menos en la ciudad- que no se compara con la dinámica de las agrupaciones argentinas. Esto se asemeja también a los sindicatos locales y muy probablemente sea una herencia de la "Guerra del Chaco" contra el Paraguay en la década del 30´, y que caló muy fuerte en la cultura boliviana posterior. Los elementos militares de la misma también se pueden apreciar en los actos festivos y hasta en la cotidianidad: basta escuchar a las bandas de música que a diario recorren las calles.
Descubriremos a un decidido protagonista de la política universitaria que no sólo nos hablará del MAS, de su función juvenil en la agrupación, de la situación interior de su país hoy, de la geopolítica boliviana, sino que también incluso desplegará una visión personal sobre la Argentina y la situación que atraviesa. Pero dejémoslo hablar a él.
¿Qué es el MAS, para qué lo entienda el argentino?
Podría confundirse con la imagen
tradicional que tenemos de la política o a la que nos hemos acostumbrado al
MAS con un partido. No es un partido en el sentido estricto del término. Es una
aglutinación de varias organizaciones sociales y de militantes también, en
cierta manera independientes que se articulan para fundar primero el COVERCAN,
y luego el MAS-IPSP en 1995. Esa es la fecha de fundación del partido. Está
compuesto por las matrices nacionales. Estamos hablando de la Federación de
Campesinos, las Bartolinas Sisas -organización de mujeres-, los
interculturales, organizaciones que tienen diferentes células en los distintos
lugares del territorio boliviano.
¿Cómo podés ver o describir el proceso que condujo al MAS como
agrupación al poder hace 11 años?
Las organizaciones sociales, en
ausencia de un partido político que sea capaz de aglutinar los intereses de la
comunidad boliviana del conjunto de organizaciones bolivianas, estoy hablando
de los partidos tradicionales de izquierda (el PIR, el POR, el PC), habían
caído después del neoliberalismo, se había dado una especie de exilio del campo
político de esas organizaciones. En ese escenario, las organizaciones sociales
empiezan a articularse a ciertos sectores intelectuales como es el caso de
Comuna, que producían conocimiento pero que no constituían un partido. Aglutinaron
un cuerpo de propuestas que van a dirigir las movilizaciones del 2000 al 2003.
Es un ciclo en el que se evoluciona. Hablamos primero en el 2003 de un quiebre
con el gobierno, y también de un quiebre con el neoliberalismo. Entonces ya no
es sólo cambiar de presidente, sino también cambiar de modelo. Nacionalización
de los hidrocarburos de las transnacionales, romper con el Estado monocultural,
representa en sí un choque contra el orden que se había establecido en 20 años
de democracia neoliberal en Bolivia. Entonces creo que ha sido una forma de ir avanzando. A medida que el campo intelectual en Bolivia
producía propuestas, las organizaciones
asimilaban esas propuestas. Los dirigentes lo volvían discurso. La
nacionalización empieza a hacerse sentido común de todos los sindicatos, y se
materializa un 1° de mayo de 2006 al tomar el poder.
Y la sociedad en general, ¿se identificó con estas reivindicaciones y
propuestas?
Una gran parte sí. Hay que
entender que una parte del sector boliviano, es decir la privilegiada, que más
se benefició con el neoliberalismo, no confió y no confía en el modo de
administrar el Estado por parte de las organizaciones sociales a la cabeza de
Evo Morales. Esa parte minoritaria todavía no ha sido capaz de sumarse. Hay
otros sectores que se han abierto un poco más y que se han incluido al mismo
proceso de cambio. Sin embargo la gran mayoría boliviana, los más excluidos,
los menos privilegiados económica y culturalmente, se han identificado
rápidamente. Te digo que hemos ganado la primera elección con el 54% para
saltar al 64%. Fue un gran logro en Bolivia, en un país en el que se había
llegado a ser presidente incluso con 18% de votación en un momento de la “Mega-coalición”,
es decir de los tiempos neoliberales de democracia pactada.
¿Cómo ves las diferencias regionales que tiene Bolivia y cómo incide en
este proceso en los últimos años?
Uno de los grandes logros que ha
tenido el proceso de cambio y que ha ayudado a la consolidación del proyecto,
es haber vencido al separatismo interno. Había una tendencia que pretendía
generar a partir del discurso de una "Media Luna" (el oeste Boliviano, en
especial el departamento de Santa Cruz de la Sierra) y de las diferencias
culturales de Bolivia, una ruptura del país. Incluso han habido actos de
terrorismo separatista. El golpe cívico-prefectural ha sido una encarnación de
eso. Sin embargo, se ha logrado vencer a ese tipo de proyectos. Y creo que el
gran mérito es que la identidad boliviana ha empezado a crecer algo más.
Bolivia ya no se siente la cola de Latinoamérica y la cola del mundo. Hay un
poco más de orgullo, la bolivianidad, se puede decir. Aunque no sea económico,
es un logro importante, generar una identidad nacional que garantice la unidad
del Estado. Esa idea no le gustaba a la "Media Luna", a la oposición: no querían
un Estado fuerte, sobre todo porque la oposición, las élites del oriente
boliviano, se ha conformado a partir de gente extranjera. Reinan alemanes,
reinan croatas, reinan personas de todas partes menos de Bolivia.
Entonces a esta Media Luna que vos mencionás, la podemos entender como
una oposición…
Una oposición no solamente
política, sino económica. Es diferente a la oposición netamente política. Sus
intereses en tanto sector oligárquico de la sociedad contrastaban radicalmente
con el proceso. Es decir, el triunfo de uno suponía la derrota del otro. Tienen
un fuerte poderío en las tierras. Y el MAS planteaba la redistribución de la
tierra, ahí en esa cosa chiquita se ve el tema de la contradicción entre los
dos proyectos de sociedad. Creo que se ha logrado vencer a la medialuna,
medianamente. La gente del oriente y la gente de occidente apuestan por una
Bolivia. Puede que no apuesten por el MAS pero apuestan por una Bolivia. Ese es
un logro que se ha tenido aquí.
Y esto que mencionabas de la redistribución de tierras, ¿eso se pudo
llevar a cabo?
En gran parte, no. Se han
distribuido las haciendas que eran ilegales. Se ha aprobado como máximo unas
5000 hectáreas de propiedad para el cultivo. Se ha dicho también que los
territorios que no sean productivos van a ser confiscados por el Estado para
ser redistribuidos entre las organizaciones sociales como los “Sin Tierra”. El
Estado ha optado más por colonizar nuevas tierras para amplificar la producción
que redistribuir las tierras que estaban en poder de sectores oligárquicos. Sin
embargo las tierras no legalizadas sí se han expropiado en gran medida. Por
ejemplo la familia Marincovic ha perdido gran cantidad de territorios
precisamente porque eran no legalizadas.
¿Y cómo podés observar los cambios sociales que hubo del milenio
anterior a esta parte? ¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre una etapa
y la otra?
Lo fundamental, y que corresponde
al esquema filosófico en torno al cual se ha armado el proceso de cambio, es la
reaparición del Estado como centro de la economía. El papel protagónico de la
economía nacional ahora está encarnada en el Estado, ya no en las
transnacionales ni en las élites oligárquicas. El Estado tiene más poder en
comparación al neoliberalismo. Si antes el Estado no participaba de la
economía, ahora sí lo hace en torno a los recursos estratégicos y a la
industrialización. Entonces es el nivel central el que se encarga de eso, y
creo que es la diferencia sustancial. Otro está referido al nivel de vida de
los bolivianos, que esto es el escenario en el que se ve cuánto se ha avanzado
como gobierno. Para el 2015, 22% de la población había salido de la extrema
pobreza. En realidad nos falta sacar a otro 20%, pero esa es tarea que se tiene
que ir cumpliendo paulatinamente. Creo que ese es uno de los logros más
significativos que hemos tenido. Otro es el tema de gestión pública, el tema de
cuánto hemos avanzado en educación, en salud en relación al anterior período.
Hemos incorporado robótica, mecatrónica al sistema educativo, y si bien no está en todas las
escuelas al menos ya está ahí. Hay escuelas en las que se están haciendo los
primeros experimentos, y otras en las que se consolidaron una o dos
generaciones promoviendo la materia. ¡Bolivia ha salido campeón latinoamericano
de robótica! No era posible imaginarnos eso antes. Es un logro que surgió a
partir de la gestión política.
¿Qué me podés decir al respecto de la Constitución, cuáles fueron las
principales reformas?
Sobre la participación del Estado
en la economía ya hemos hablado, no convendría redundar. La Constitución
Política del Estado ha generado gran polémica entre los sectores de la
sociedad. Entre los que estaban incorporados y eran privilegiados en el tiempo
del neoliberalismo y todos los tiempos anteriores, y entre los que reclamaban
ser incorporados en un Estado que les cobraba impuestos pero en el que no
tomaban decisiones, es decir, los indígenas y sectores populares. En ese
escenario se desarrolla la Constituyente. Representa un quiebre y va a ser el
quiebre definitivo en la correlación de fuerzas que definía la toma de
decisiones en el Estado. Por eso había harta pugna. Porque en el momento en el
que se aprobaba, se definía otra correlación de fuerzas. Ya no podías definir
las cosas sin la comunidad civil organizada, sin los movimientos sociales. Ya
no podías siquiera aprobar un plan de la coparticipación de la sociedad. No
podías ejecutar un proyecto si las juntas vecinales no estaban de acuerdo. Se
había roto con el paternalismo ONGeísta que había asumido el mismo estado
neoliberal. Esa había sido la gran debilidad del Estado en Bolivia. Ha copiado
el mismo modus operandi de las ONGs. Creo que se ha jugado eso. Cuánto ha de
participar la sociedad en la toma de decisiones y cuánto les dejamos de esa
toma de decisiones a los siempre privilegiados. Se han generado fuertes
tensiones. El tema de romper con la monoculturalidad del Estado y reconocer a
las 36 etnias, también se han aglutinado a esos sectores que nunca se han
sentido bolivianos.
¿Te referís a la plurinacionalidad?
¡Claro! Se sentían más aymaras
que bolivianos, más baures que bolivianos. Estaban en el territorio boliviano
pero eran vacíos del Estado en el mismo territorio boliviano. No había una
fuerte presencia estatal y no había una identidad con la nacionalidad
boliviana. Entonces en ese marco se aglutinan las 36 comunidades indígenas
también y es un logro que debería haberse pensado en los tiempos de la
fundación. Sin embargo, 200 años después volvemos a repensar ese asunto.
Sectores que habían sido marginados y pese a ser el 70% de la población.
El debate de la plurinacionalidad es algo a lo que Bolivia se animó y, con la polémica sobre los pueblos originarios argentinos, deberíamos tomar también y pensarlo para una Constitución
Y en la práctica, ¿se puede palpar este cambio social que proyectaba la
Constitución?
Bueno, hay un tiempo en que los
discursos toman fuerza y luego pierden fuerza para asumir nuevas formas de reivindicación
después. El tema de las autonomías es importante. Marca la identidad indígena
para que se diferencie en el marco de la misma nacionalidad boliviana. Creo que
ha ido durmiéndose un poco porque el sindicato también se dedica a la gestión
ahora, ya no solamente a la protesta. Ha llegado a su cúspide y ha tenido
cierto descenso. Sin embargo, lo que queda por rescatar es que en este país,
mientras esta Constitución no sea modificada, no se puede decidir sin
indígenas, sin organizaciones sociales, sin obreros, sin todo ese cuerpo de
bolivianos que tenemos. Ha habido un gran pensador boliviano –por René Zavaleta
Mercado- que nos hablaba del Estado aparente. El decía que Bolivia había nacido
como un Estado mixto porque carecía de ciudadanía. No podías hablar de un
Estado sin ciudadanos, y para ese momento, sólo el 3% de la población era
reconocida como ciudadana. Sin embargo, también te plantea que de ese Estado
tienes que pasar a otro que es “integral” que es un aporte gramsciano. Ese
Estado tiene que ser capaz de condensar los intereses de todos los sectores
sociales sin necesidad de ir a un Estado socialista. Articular incluso a
burguesía y proletariado en un solo horizonte político que pueda ser algo más
nacionalista. Y creo que ese también es el gran logro el Estado Plurinacional.
Ha logrado condensar a todos esos sectores. Ahora, pese a que yo estoy en
contra, hay gente de clases muy pudientes que podrían ser considerados de
derecha…¡en el partido! Y que militan en el partido. Y lo hacen como clase
social pudiente. Como oligarquía del oriente, podríamos decir. Una burguesía
más nacionalista, si queremos llamarle así. Pero también están los sectores de
campesinos, obreros…¡y participan!...como sindicatos que militan en el “proceso
de cambio”. O al menos como organizaciones que simpatizan, en algunos casos.
Creo que ese es un gran logro. Haber aglutinado bajo el “yo” colectivo del
Estado, a todos los sectores sociales. El haber sido capaz de encontrar un
consenso entre dominadores y dominados para avanzar bajo la nacionalidad
boliviana.
¿Esto está relacionado con el llamado “Socialismo del Siglo XXI”?
No, yo creo que no tiene nada que
ver. El Socialismo del Siglo XXI ha sido una categoría para repensar al mismo
Socialismo. Que también apunta a la abolición de la desigualdad dentro de las
clases sociales. No se trata de ninguna forma de negociar los intereses de las
clases populares, sino más bien de traer el discurso socialista y darle
vigencia hacia el presente. Que creo que desde la caída del muro del Berlín
hemos perdido esa fuerza como partido político, como grupo de comunistas. No
tiene que ver con el Socialismo del Siglo XXI. Pero hay que entenderlo así
también: no podemos pedirle al “proceso” lo que no puede dar. Del 2000 al 2003 en ningún momento, ningún
sector de la sociedad, ni ningún intelectual ha pensado en la eliminación de la
propiedad privada. Ninguna sociedad puede plantearse una tarea que no puede
cumplir. Sólo te planteas las cosas que has considerado necesarias en el
desarrollo del movimiento. Desarrollo histórico, en términos marxistas. La
sociedad boliviana no se había planteado la eliminación de la propiedad privada
como condición para conquistar la igualdad. Nos habíamos planteado, sí, la
expulsión de las transnacionales. Era el enemigo primario. No se había llegado
a la confrontación de clases todavía, sino más bien a una reivindicación
nacional. Y eso ha ido marcando cómo hemos ido avanzando, y creo que en
Latinoamérica ha sido así.
¿Y vos ves que en Bolivia el capitalismo, o el neoliberalismo en su
momento, llegó de igual forma que en otros lugares del continente? ¿o tenemos
una forma diferenciada?
No he tenido la oportunidad de
leer cómo llegó el neoliberalismo a otros países. Aquí la cosa es complicada.
Caen las dictaduras (1982) y asume un gobierno de izquierda. La UDP (Unión
Democrática Popular): un gobierno que de repente había planteado reformas que
son interesantes, y que estaba compuesto por miembros que creían que el MNR (Movimiento
Nacional Revolucionario) había traicionado la Revolución Nacional (por la de
1952). Hernán Siles Suazo fue un miembro importante del MNR y luego fue
presidente en el tiempo de la UDP. A ese mismo gobierno, los partidos de la
izquierda tradicional empiezan a cercarlo. Sobre todo el POR, el partido de la
IV Internacional, el partido de los “troskos”. En sus discursos: “reformismo,
no: ¡revolución ahora!”. Y empiezan a generar movilización. Por otra parte, la
élite boliviana, siempre ha sido hábil para identificar quien era enemigo de
sus intereses. Hernán Siles Suazo era todo menos un aliado para ellos, y
empiezan también a movilizarse. De ese modo, sectores del campo popular,
dirigidos por los “troskos”, y las oligarquías, que querían mantener los
privilegios que tenían, se oponen a la UDP. Tumban al gobierno reformista que
tenía tinte popular; pero después de esto, no viene el socialismo ni la
revolución (risas), vienen los 20 años de neoliberalismo. Creo que ese es el
regalo de los “troskos” a la historia nacional de Bolivia.
Pasando al panorama internacional, ¿qué busca Bolivia? ¿Cuáles son los
cambios respecto a la etapa anterior?
Bueno, creo que en un primer
momento, creo que una de las grandes cosas –voy a decirlo sin estar de acuerdo
con el neoliberalismo-, los estadounidenses han sido muy hábiles para aislar a
un país de otro, separarnos a bolivianos, argentinos, chilenos, ecuatorianos.
Nos enfrentábamos de forma separada al imperialismo. La gran virtud de estos
procesos es que se ha articulado nuevamente a varios países de Latinoamérica
para armar un bloque que se opone al imperialismo y que no está de acuerdo con
la hegemonía estadounidense porque no puedes negociar sin negociar tu soberanía
con ellos. Y también ha habido una gran ventaja a nivel internacional, el tema
de que hayan surgido nuevos polos de negociación. Estamos hablando de India,
Rusia, China. Creo que más allá de que no se trate de la misma correlación de
fuerzas entre la URSS y los EE UU, y que ahora Rusia es un país capitalista, ha
representado una apertura para estos gobiernos de carácter progresista porque
ha impedido que se aíslen respecto a los mercados. El capitalismo ha logrado
desarrollar una especie de “si no te insertas, o si no tienes aliados, mueres”.
Y creo que el hecho de que el mundo ahora tenga varios polos de negociación hace
que el imperialismo pierda poder. Estoy hablando no solamente de Estados
Unidos, sino de todo el complejo de países que lo conforman.
¿Y para eso hace falta identificarse con estos países alternativos? ¿o
no necesariamente?
Esto hay que tenerlo claro: no
estimo mucho al presidente Putin, hay que ser franco. Ha sido miembro de la KGB
(agencia de inteligencia soviética), del Partido Comunista Ruso. Veo en él un
tipo que todavía conserve los principios comunistas-o por lo menos un tipo que
no esté de acuerdo con cómo los EE UU dirigen el mundo- y creo que al entrar en
negociaciones con Putin no entras en relaciones de sometimiento de la misma
forma en que lo haces con Estados Unidos. En Rusia no se ha escrito nunca el
Plan de Desarrollo para Bolivia, para Argentina ni para ningún país que haya
establecido relaciones con Rusia. Sin embargo, cualquier país que negocie con
Estados Unidos tiene que tener el visto bueno para aprobar cualquier ley en su
país. ¿qué tiene que ver Estados Unidos con las leyes bolivianas? Creo que
tiene ventajas al momento de negociar. Incluso en el tema del uranio, se ha
hecho un convenio hasta tecnológico en la cooperación de conocimiento entre los
dos países. Creo que es algo que no tendrías con Estados Unidos: van a
comprarte recursos naturales pero no te van a decir cómo funciona su
tecnología. Monopoliza la tecnología
porque esa es la condición fundamental para mantener su hegemonía como
imperialismo. No va a negociar lo que le da ventajas.
Yendo más a tu rol como dirigente de la juventud, ¿cómo la
describirías? ¿cómo se manejan, en qué lugares actúan?
En este momento tenemos
juventudes en 14 municipios de los 28 que tenemos en Chuquisaca (departamento, similar a nuestras provincias).
Con Sucre serían 15, pero no sería una municipal: están distribuidos en
distritos territoriales. Si bien están en la mitad de los municipios rurales,
están en todo el departamento: Chuquisaca está dividida en 4 regiones: Inti,
Chaco, Centro y Norte y las juventudes están presentes en todas. Hay algunas a
las que nos falta llegar más allá de que hayan limitado recursos por ahora. Las
juventudes no tienen tanto peso en sectores rurales. Se asocian más al
sindicato de campesinos: ese tiene mayor relevancia. Sin embargo, en zonas
urbanas sí porque allí funcionan las universidades ¡y no puedes llamarte
juventud si no tienes acción en esos lugares! (risas). Hemos entrado a 3
promociones este año y pensamos entrar a más. Y estamos haciendo un trabajo
interesante con la burocracia del partido, es decir, con las instituciones.
Esperemos que tengan resultados de aquí a 2 años. El plan es poder ganar la
Federación Universitaria Local (FUL) para el 2019 como partido. Ya no como una
estructura que nos identifica con el partido mismo. Queremos dignificar al
“proceso de cambio” en la universidad. Esa es la meta que tenemos para este
momento.
¿Cómo ves al avance de este proceso en este departamento, en
Chuquisaca?
Creo que en Chuquisaca hemos
tenido oleadas. El ser el centro del país ha sufrido tanta influencia oriental
como influencia occidental, tanto de los quechuas como de los guaraníes. Hay
partes de Chuquisaca en las que tenemos fuerte influencia como “proceso”. Te
estoy hablando del Norte, Inti y Centro, las regiones que tienen más vínculos
con la región quechua. En el Chaco, que es más cercano al oriente, se ve una
menor incidencia política como instrumento-excepto en los sectores urbanos-. En
los sectores rurales tenemos diferencias con los sindicatos y con las capitales
de departamento. Pero es común. La fuerza del MAS es netamente campesina,
tenemos casi todas las alcaldías rurales. Sin embargo, las zonas urbanas tienen
fuerte influencia de los medios de comunicación a los cuales no hemos
encontrado la forma de incorporar al proceso de cambio, y que por otra parte,
responden a otros intereses, hay que reconocerlo. Chuquisaca es más o menos
así: en el Chaco no hay fuerte incidencia, en las regiones quechuas sí tenemos
fuerte incidencia. Y en las zonas urbanas bordeamos entre 37%...hasta el 45% en
las mejores épocas, como ésta: hemos ganado la alcaldía en la presente
elección.
¿Y qué rol juega la Universidad en este panorama político de Chuquisaca?
Tiene fuerte importancia porque
moviliza cerca de 30.000 estudiantes. Muchos de ellos también militan en el
mismo partido. Sin embargo, y esto va sin afán de botar veneno, la Universidad
(USFX) tiene que dedicarse mucho a sus problemas internos. De ser la mejor de
América Latina, ahora está 1037. Creo que Sucre ha ganado imagen a nivel
internacional, no por tener FANCESA (empresa cementera que dirigen por tercios
el Estado Departamental, el Municipal y la USFX), no por ser un municipio
productivo, no por ser la “ciudad blanca”, sino porque tenía aquí la Academia
Carolina y el ISBO. Entonces, hay que regenerar las condiciones para que se
vuelva a dar prioridad a la academia. La Universidad se ha metido mucho en
política, y creo que eso la ha ido degenerando.
¿Qué defectos podés percibir de este proceso?
Hay metas que todavía tenemos que
cumplir, y que todavía no se ha trazado nuestra clase dominante: la
industrialización de los recursos naturales. Pasar de una economía
extractivista a una del conocimiento. Y
consolidar la plurinacionalidad, que es un proceso: no está consolidado, hay
que ser francos. Todavía hay gente que no quiere aceptar la indianidad de las
comunidades bolivianas. Prefieren
llamarlos “mestizos” antes que identificarse con esas culturas, que llamarlos
“indígenas”. El conjunto de la sociedad boliviana acepta la cuestión indígena,
pero también hay que prestarle atención al tema estructural: hay un 20% de la
población boliviana que todavía vive en la extrema pobreza. Hay sectores,
también, a los que todavía el “proceso” no ha llegado, y que son sectores
indígenas. Son los sectores del oriente boliviano, con los que históricamente
hemos estado desvinculados, y si bien apoyan al “proceso de cambio”, lo hacen
más allá de que todavía no hemos llegado a ellos. El tema del TIPNIS
(Territorio Indígena y Parque Nacional Isodoro-Sécure) tiene mucho que ver con
lo indígena. Todos nos hemos hecho la imagen de que el indígena estaba opuesto
a la {construcción de la} carretera del TIPNIS. Pero cuando se da la consulta
popular (la obligación de las consultas populares a las comunidades afectadas por una temática o medida en particular ha sido incluída en la nueva Constitución) , ganamos con el 84%. Pasaba que había hartos intereses con el tráfico
de especies exóticas, madera, se dice que también hay diamantes. El punto es
que históricamente el oriente no se ha vinculado geopolíticamente a Bolivia, y
una de las tareas que teníamos como partido era, justamente, articular a
Bolivia. Y es una tarea que todavía nos queda por cumplir. Hacer que, de todo
ese “macizo boliviano” (término que utilizó el intelectual boliviano Jaime
Mendoza) del oriente, del occidente y de los valles, hacer un solo cuerpo, una
fortaleza en vez de punto en contra; y que históricamente las clases dominantes
le han dado el significado de “división”, y de debilidad para articular al
país. Sin embargo, nosotros creo que hemos sido capaces de verlo como una
fortaleza, tanto por su diversidad como por las posibilidades que ofrece a la
misma Bolivia de articularse geopolíticamente. Eso, pasar de una economía
extractivista a una del conocimiento y que tenemos que cumplir no sólo en
Bolivia, sino en Latinoamérica: romper con las cadenas de dependencia
tecnológica. De hecho, el concepto de soberanía es útil para esto, en el
sentido amplio del término. Alimenticia, tecnológica, científica, productiva,
que es algo que hemos perdido desde los tiempos de la colonia.
¿Qué les responderías a los sectores más críticos con el MAS, desde los
medios de comunicación a los intelectuales y a los argumentos que ellos
proponen?
Los medios de comunicación son
replicadores y voceros de la oposición, funcionan bajo esa lógica. La mayor
parte de la propiedad de los mismos son de los opositores. De hecho, hay que
dirigirse al enemigo que está detrás de ellos, o sea: empresarios. Si evaluamos
las estadísticas de cuánto ganaban antes de que nosotros entremos al gobierno y
cuánto son capaces de generar ahora, yo creo que deberían militar más que nadie
en el proceso de cambio (risas), porque se han ¡cuadruplicado! sus ganancias,
producto del aumento en el nivel de vida de los bolivianos. La inflación en
Bolivia se ha movido entre el 4% y 5%, pero el salario mínimo se ha
cuadruplicado desde que estamos aquí. Somos el país que más ha crecido en la
región en ¡casi una década!. Y este año se va a replicar el mismo fenómeno.
Entonces, no se trata del precio del petróleo, pues ha bajado. Se trata de cómo
hemos sido capaces de articular al mercado interno con la producción. Y de cómo
hemos sido capaces de sobreponernos a la baja de precios internacionales del
petróleo (YPFB es la empresa estatal de extracción y refinamiento), que nos ha
dado ciertas dificultades pero que también nos ha dado oportunidades para ser
creativos en ese campo.
Y que Venezuela está sufriendo en este momento también…
Creo que ha sido una de las
debilidades de Venezuela. Ha sido el país que ha liberado a todo un continente
y ahora está luchando solo. Y que claramente es injerencia norteamericana. No
le conviene perder el país en el que más reservas petrolíferas hay. La misma
baja del petróleo ha sido planificada desde Arabia Saudí y Norte América, en
afán de hundir a Rusia y perturbar a sus enemigos en América Latina.
Casualmente, Bolivia y Venezuela tienen fuertes reservas hidrocarburíferas. Ha
tenido que ver con eso.
Las relaciones exteriores entre Argentina y Bolivia han dado un giro luego de la asunción de Mauricio Macri en 2015
¿Y cómo se puede ver desde acá a la República Argentina?
Yo creo, y hay que ser francos
también, veíamos que el kirchnerismo cayó y que iba a ser muy difícil
levantarse. También ha sido la imagen que nos han vendido los medios, que han
satanizado demasiado al kirchnerismo allá. Sin embargo, en el momento de las
elecciones (del 2015), vemos que salen con un muy digno “par a par”, casi un
empate. Y creo que hay que rescatar algo importante. En el momento de la UDP,
la izquierda no había saboreado el poder por no más de un año. Sin embargo, en
este tiempo el pueblo ha sentido lo que es tener un gobierno de izquierda, que
puede que lo haya olvidado en el momento que han cuestionado a Kirchner, y
ganado Macri. Pero…¿cómo está ahora la derecha? Entonces, creo que la izquierda
ha tenido la gran virtud de mostrar que es un gobierno que representa al
pueblo. Y la oposición no puede gobernar sino a condición de romper eso, que
representa otros intereses de clases y entra como otro tipo de bloque al poder.
Ya en este momento, en la época de Macri, aunque los medios no lo hayan
visibilizado, pero sí en redes sociales, vimos como el pueblo argentino con
orgullo ha vuelto a articularse. Tal vez, no planteando la destitución de
Macri, pero sí recuperando la capacidad como movimientos sociales de exigirles
al Estado que responda a las necesidades de la sociedad. Entonces, creo que
hemos sido capaces (en plural) de articular el movimiento, y es la debilidad de
la oposición en países en los que hubo gobiernos progresistas. Temer la tiene
dura también en Brasil. El ganador que se perfila, de hecho, es Lula. A nivel
político, creo que la pérdida del poder ha sido muy desventajosa. Pero ha traído
la gran virtud de unificarnos, encontrarnos como izquierda, y volver a recordar
quién es el verdadero enemigo. Creo que lo olvidamos en tiempos del poder,
cuando vemos al camarada como un posible enemigo o al compañero con el que no
compartimos del todo ideológicamente, que es lo que está pasando aquí en este
momento. Dudo que en Argentina se estén planteando eso como prioridad. En
Argentina se están planteando como prioridad a la derecha como enemigo. Sin
embargo, aquí la discusión torna en que la derecha de antes, ahora está aquí, y
es una discusión en la que no se tiene que gastar energías. Ya perder el poder
allá, nos ha permitido identificar al verdadero enemigo, y volver a saber lo que
es el imperio norteamericano, y esa es una virtud del movimiento. Veamos cómo
utiliza la misma derecha argentina y la misma izquierda argentina la capacidad
de articular y de regenerarse, de eso va
a depender mucho el 2018.
Para finalizar, ¿cómo ves el futuro? ¿Será con el MAS siendo cabeza del
proceso?
(Respira y se sincera) Ha sido
complicado. El 21 de febrero ha sido el primer baldazo de agua fría que hemos
recibido. Teníamos confianza a ganar con el 54%, porque era una elección
¡difícil!...
Estás hablando del referéndum por la repostulación de Evo Morales…
Del referéndum. Es el dato que
más tenemos que rescatar. La confianza se basaba tanto en medios propios como
en opositores. Comúnmente subimos 2 o 3 puntos más de los que nos dan los
medios. Los votos rurales llegan tarde y nunca se hacen encuestas en esos
sectores. Sin embargo, la derrota del 21 ha sido un hito para que el partido
empiece a repensarse. Bolivia ha cambiado bastante en este último tiempo. No
pensábamos que la oposición sacaría las cosas que ha sacado. Nos considerábamos
vencedores antes de que ocurra el caso Zapata (expareja de Morales) que ha
influido bastante en la decisión de la población. Creo que ha sido un momento
en que la opinión pública fue deformada lo suficiente. Ha sido capaz de
trasladar al voto indeciso a favor del “NO”. Y gran parte de la población no ha
ido a votar, de hecho esa parte estaba con nosotros pero prefirió no ir. La
gente que apoyaba el “NO” ha ido directamente a votar, saben que tienen que ir
para sacarnos de los espacios del poder. Sin embargo hay vías legales que
podemos tomar y por las que no hemos optado en su momento. De hecho, la
Constitución señala que “el mandato termina por renuncia, muerte u otros tipos
de factores.” Entonces podemos terminar el mandato por renuncia y eso va a
estar sujeto a la interpretación que haga el Tribunal Constitucional. Si vamos
con Evo, tenemos fuertes probabilidades de ganar de manera contundente. Con
otro candidato, sería difícil. Sobre todo porque ahora la oposición se ha
vuelto a articular bajo uno solo, y es posible que sea Carlos Mesa Gisbert. Es
un candidato que puede representar a clases medias y altas. Pero no creo que
tenga posibilidades de romper con los núcleos duros que tenemos en el campo y
en los sectores peri-urbanos.
¿Crees que en el fondo, la sociedad valora a los cambios que se
hicieron en estos años?
Yo creo que la gente se ha
acostumbrado a nosotros, como ha pasado en Argentina. Y por eso puede pasar que
mucha gente no distinga entre nosotros y la oposición. ¿qué pasaría si entra un
gobierno de derecha? (risas). Y eso hay que preguntárnoslo al ver el caso
argentino. Todos decían que Kirchner y los opositores eran lo mismo. Al menos
ese era el discurso de la izquierda trotskista. Y también el de varios medios
de comunicación que habían identificado a esos gobiernos progresistas con la
corrupción. Han sido hábiles para manejar ese discurso. ¿Y ahora qué pasa con
esos gobiernos de oposición? ¿qué le está pasando a Macri y a Temer? Ese es el
claro ejemplo de lo que puede pasar la oposición. Y da esperanzas, porque
sabemos que si aun perdemos, todavía tenemos la oportunidad de seguir luchando,
no van a matarnos nunca.



No hay comentarios:
Publicar un comentario