sábado, 3 de febrero de 2018

La Juventud del MAS en Bolivia: una entrevista con José Rafael Jaldín, uno de los máximos líderes de este movimiento juvenil en Chuquisaca


El MAS ha representado en Bolivia un cambio drástico en la vida de millones de bolivianos. La gestión encabezada por Evo Morales desde el año 2006 significó un verdadero antes y después, un proceso político nunca vivido en los casi 200 años de existencia de esta nación. Este país ha experimentado un progreso rotundo en la mejora de las condiciones de vida y el bienestar de la población, históricamente marginada desde tiempos de la colonia, en beneficio de unos pocos.

              Jaldín explicándonos la realidad boliviana y dándonos una percepción sobre nuestro país.

En esta ocasión tenemos a un protagonista del sector juvenil de este proceso: José Rafael Jaldín, dirigente de la juventud del MAS chuquisaqueño que accedió a conversar con Latinoamericanizando para tocar múltiples temas que nos ayudarán a comprender mejor este presente que está viviendo Bolivia.

Llegamos al punto de encuentro. Mientras lo esperamos en el Palacete "El Guereo", nos encontramos por sorpresa con el alcalde de Sucre, Iván Arcienega, que se apresura en bajar de un vehículo e ingresa al edificio. Algunas fuentes del partido nos reconocieron en el mes de mayo que "no retendrá la alcaldía", puesto que Sucre no es el lugar donde el MAS se siente más cómodo, y "la situación no es la óptima en la ciudad como cuando fue elegido". Minutos más tarde nos encontramos con Rafael, con "Cheo", como lo suelen llamar sus amigos y amigas. 

En él hemos encontrado a otro tipo de militante, distinto del argentino: habla sin pelos en la lengua sobre las virtudes y deficiencias del gobierno en curso y de la agrupación a la que pertenece. La franqueza y la autocrítica se pueden reconocer allí, aunque también podemos encontrar en las agrupaciones juveniles bolivianas un esquema mucho más centralizado y jerárquico -al menos en la ciudad- que no se compara con la dinámica de las agrupaciones argentinas. Esto se asemeja también a los sindicatos locales y muy probablemente sea una herencia de la "Guerra del Chaco" contra el Paraguay en la década del 30´, y que caló muy fuerte en la cultura boliviana posterior. Los elementos militares de la misma también se pueden apreciar en los actos festivos y hasta en la cotidianidad: basta escuchar a las bandas de música que a diario recorren las calles.  

Descubriremos a un decidido protagonista de la política universitaria que no sólo nos hablará del MAS, de su función juvenil en la agrupación, de la situación interior de su país hoy, de la geopolítica boliviana, sino que también incluso desplegará una visión personal sobre la Argentina y la situación que atraviesa. Pero dejémoslo hablar a él.

¿Qué es el MAS, para qué lo entienda el argentino?

Podría confundirse con la imagen tradicional que tenemos de la política o a la que nos hemos acostumbrado al MAS con un partido. No es un partido en el sentido estricto del término. Es una aglutinación de varias organizaciones sociales y de militantes también, en cierta manera independientes que se articulan para fundar primero el COVERCAN, y luego el MAS-IPSP en 1995. Esa es la fecha de fundación del partido. Está compuesto por las matrices nacionales. Estamos hablando de la Federación de Campesinos, las Bartolinas Sisas -organización de mujeres-, los interculturales, organizaciones que tienen diferentes células en los distintos lugares del territorio boliviano.

¿Cómo podés ver o describir el proceso que condujo al MAS como agrupación al poder hace 11 años?

Las organizaciones sociales, en ausencia de un partido político que sea capaz de aglutinar los intereses de la comunidad boliviana del conjunto de organizaciones bolivianas, estoy hablando de los partidos tradicionales de izquierda (el PIR, el POR, el PC), habían caído después del neoliberalismo, se había dado una especie de exilio del campo político de esas organizaciones. En ese escenario, las organizaciones sociales empiezan a articularse a ciertos sectores intelectuales como es el caso de Comuna, que producían conocimiento pero que no constituían un partido. Aglutinaron un cuerpo de propuestas que van a dirigir las movilizaciones del 2000 al 2003. Es un ciclo en el que se evoluciona. Hablamos primero en el 2003 de un quiebre con el gobierno, y también de un quiebre con el neoliberalismo. Entonces ya no es sólo cambiar de presidente, sino también cambiar de modelo. Nacionalización de los hidrocarburos de las transnacionales, romper con el Estado monocultural, representa en sí un choque contra el orden que se había establecido en 20 años de democracia neoliberal en Bolivia.  Entonces creo que ha sido una forma de ir avanzando.  A medida que el campo intelectual en Bolivia producía propuestas, las  organizaciones asimilaban esas propuestas. Los dirigentes lo volvían discurso. La nacionalización empieza a hacerse sentido común de todos los sindicatos, y se materializa un 1° de mayo de 2006 al tomar el poder.

Y la sociedad en general, ¿se identificó con estas reivindicaciones y propuestas?

Una gran parte sí. Hay que entender que una parte del sector boliviano, es decir la privilegiada, que más se benefició con el neoliberalismo, no confió y no confía en el modo de administrar el Estado por parte de las organizaciones sociales a la cabeza de Evo Morales. Esa parte minoritaria todavía no ha sido capaz de sumarse. Hay otros sectores que se han abierto un poco más y que se han incluido al mismo proceso de cambio. Sin embargo la gran mayoría boliviana, los más excluidos, los menos privilegiados económica y culturalmente, se han identificado rápidamente. Te digo que hemos ganado la primera elección con el 54% para saltar al 64%. Fue un gran logro en Bolivia, en un país en el que se había llegado a ser presidente incluso con 18% de votación en un momento de la “Mega-coalición”, es decir de los tiempos neoliberales de democracia pactada.

¿Cómo ves las diferencias regionales que tiene Bolivia y cómo incide en este proceso en los últimos años?

Uno de los grandes logros que ha tenido el proceso de cambio y que ha ayudado a la consolidación del proyecto, es haber vencido al separatismo interno. Había una tendencia que pretendía generar a partir del discurso de una "Media Luna" (el oeste Boliviano, en especial el departamento de Santa Cruz de la Sierra) y de las diferencias culturales de Bolivia, una ruptura del país. Incluso han habido actos de terrorismo separatista. El golpe cívico-prefectural ha sido una encarnación de eso. Sin embargo, se ha logrado vencer a ese tipo de proyectos. Y creo que el gran mérito es que la identidad boliviana ha empezado a crecer algo más. Bolivia ya no se siente la cola de Latinoamérica y la cola del mundo. Hay un poco más de orgullo, la bolivianidad, se puede decir. Aunque no sea económico, es un logro importante, generar una identidad nacional que garantice la unidad del Estado. Esa idea no le gustaba a la "Media Luna", a la oposición: no querían un Estado fuerte, sobre todo porque la oposición, las élites del oriente boliviano, se ha conformado a partir de gente extranjera. Reinan alemanes, reinan croatas, reinan personas de todas partes menos de Bolivia.

Entonces a esta Media Luna que vos mencionás, la podemos entender como una oposición…

Una oposición no solamente política, sino económica. Es diferente a la oposición netamente política. Sus intereses en tanto sector oligárquico de la sociedad contrastaban radicalmente con el proceso. Es decir, el triunfo de uno suponía la derrota del otro. Tienen un fuerte poderío en las tierras. Y el MAS planteaba la redistribución de la tierra, ahí en esa cosa chiquita se ve el tema de la contradicción entre los dos proyectos de sociedad. Creo que se ha logrado vencer a la medialuna, medianamente. La gente del oriente y la gente de occidente apuestan por una Bolivia. Puede que no apuesten por el MAS pero apuestan por una Bolivia. Ese es un logro que se ha tenido aquí.

Y esto que mencionabas de la redistribución de tierras, ¿eso se pudo llevar a cabo?

En gran parte, no. Se han distribuido las haciendas que eran ilegales. Se ha aprobado como máximo unas 5000 hectáreas de propiedad para el cultivo. Se ha dicho también que los territorios que no sean productivos van a ser confiscados por el Estado para ser redistribuidos entre las organizaciones sociales como los “Sin Tierra”. El Estado ha optado más por colonizar nuevas tierras para amplificar la producción que redistribuir las tierras que estaban en poder de sectores oligárquicos. Sin embargo las tierras no legalizadas sí se han expropiado en gran medida. Por ejemplo la familia Marincovic ha perdido gran cantidad de territorios precisamente porque eran no legalizadas.

¿Y cómo podés observar los cambios sociales que hubo del milenio anterior a esta parte? ¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre una etapa y la otra?

Lo fundamental, y que corresponde al esquema filosófico en torno al cual se ha armado el proceso de cambio, es la reaparición del Estado como centro de la economía. El papel protagónico de la economía nacional ahora está encarnada en el Estado, ya no en las transnacionales ni en las élites oligárquicas. El Estado tiene más poder en comparación al neoliberalismo. Si antes el Estado no participaba de la economía, ahora sí lo hace en torno a los recursos estratégicos y a la industrialización. Entonces es el nivel central el que se encarga de eso, y creo que es la diferencia sustancial. Otro está referido al nivel de vida de los bolivianos, que esto es el escenario en el que se ve cuánto se ha avanzado como gobierno. Para el 2015, 22% de la población había salido de la extrema pobreza. En realidad nos falta sacar a otro 20%, pero esa es tarea que se tiene que ir cumpliendo paulatinamente. Creo que ese es uno de los logros más significativos que hemos tenido. Otro es el tema de gestión pública, el tema de cuánto hemos avanzado en educación, en salud en relación al anterior período. Hemos incorporado robótica, mecatrónica al sistema  educativo, y si bien no está en todas las escuelas al menos ya está ahí. Hay escuelas en las que se están haciendo los primeros experimentos, y otras en las que se consolidaron una o dos generaciones promoviendo la materia. ¡Bolivia ha salido campeón latinoamericano de robótica! No era posible imaginarnos eso antes. Es un logro que surgió a partir de la gestión política.

¿Qué me podés decir al respecto de la Constitución, cuáles fueron las principales reformas?

Sobre la participación del Estado en la economía ya hemos hablado, no convendría redundar. La Constitución Política del Estado ha generado gran polémica entre los sectores de la sociedad. Entre los que estaban incorporados y eran privilegiados en el tiempo del neoliberalismo y todos los tiempos anteriores, y entre los que reclamaban ser incorporados en un Estado que les cobraba impuestos pero en el que no tomaban decisiones, es decir, los indígenas y sectores populares. En ese escenario se desarrolla la Constituyente. Representa un quiebre y va a ser el quiebre definitivo en la correlación de fuerzas que definía la toma de decisiones en el Estado. Por eso había harta pugna. Porque en el momento en el que se aprobaba, se definía otra correlación de fuerzas. Ya no podías definir las cosas sin la comunidad civil organizada, sin los movimientos sociales. Ya no podías siquiera aprobar un plan de la coparticipación de la sociedad. No podías ejecutar un proyecto si las juntas vecinales no estaban de acuerdo. Se había roto con el paternalismo ONGeísta que había asumido el mismo estado neoliberal. Esa había sido la gran debilidad del Estado en Bolivia. Ha copiado el mismo modus operandi de las ONGs. Creo que se ha jugado eso. Cuánto ha de participar la sociedad en la toma de decisiones y cuánto les dejamos de esa toma de decisiones a los siempre privilegiados. Se han generado fuertes tensiones. El tema de romper con la monoculturalidad del Estado y reconocer a las 36 etnias, también se han aglutinado a esos sectores que nunca se han sentido bolivianos.

¿Te referís a la plurinacionalidad?

¡Claro! Se sentían más aymaras que bolivianos, más baures que bolivianos. Estaban en el territorio boliviano pero eran vacíos del Estado en el mismo territorio boliviano. No había una fuerte presencia estatal y no había una identidad con la nacionalidad boliviana. Entonces en ese marco se aglutinan las 36 comunidades indígenas también y es un logro que debería haberse pensado en los tiempos de la fundación. Sin embargo, 200 años después volvemos a repensar ese asunto. Sectores que habían sido marginados y pese a ser el 70% de la población.

El debate de la plurinacionalidad es algo a lo que Bolivia se animó y, con la polémica sobre los     pueblos originarios argentinos, deberíamos tomar también y pensarlo para una Constitución

Y en la práctica, ¿se puede palpar este cambio social que proyectaba la Constitución?

Bueno, hay un tiempo en que los discursos toman fuerza y luego pierden fuerza para asumir nuevas formas de reivindicación después. El tema de las autonomías es importante. Marca la identidad indígena para que se diferencie en el marco de la misma nacionalidad boliviana. Creo que ha ido durmiéndose un poco porque el sindicato también se dedica a la gestión ahora, ya no solamente a la protesta. Ha llegado a su cúspide y ha tenido cierto descenso. Sin embargo, lo que queda por rescatar es que en este país, mientras esta Constitución no sea modificada, no se puede decidir sin indígenas, sin organizaciones sociales, sin obreros, sin todo ese cuerpo de bolivianos que tenemos. Ha habido un gran pensador boliviano –por René Zavaleta Mercado- que nos hablaba del Estado aparente. El decía que Bolivia había nacido como un Estado mixto porque carecía de ciudadanía. No podías hablar de un Estado sin ciudadanos, y para ese momento, sólo el 3% de la población era reconocida como ciudadana. Sin embargo, también te plantea que de ese Estado tienes que pasar a otro que es “integral” que es un aporte gramsciano. Ese Estado tiene que ser capaz de condensar los intereses de todos los sectores sociales sin necesidad de ir a un Estado socialista. Articular incluso a burguesía y proletariado en un solo horizonte político que pueda ser algo más nacionalista. Y creo que ese también es el gran logro el Estado Plurinacional. Ha logrado condensar a todos esos sectores. Ahora, pese a que yo estoy en contra, hay gente de clases muy pudientes que podrían ser considerados de derecha…¡en el partido! Y que militan en el partido. Y lo hacen como clase social pudiente. Como oligarquía del oriente, podríamos decir. Una burguesía más nacionalista, si queremos llamarle así. Pero también están los sectores de campesinos, obreros…¡y participan!...como sindicatos que militan en el “proceso de cambio”. O al menos como organizaciones que simpatizan, en algunos casos. Creo que ese es un gran logro. Haber aglutinado bajo el “yo” colectivo del Estado, a todos los sectores sociales. El haber sido capaz de encontrar un consenso entre dominadores y dominados para avanzar bajo la nacionalidad boliviana.

¿Esto está relacionado con el llamado “Socialismo del Siglo XXI”?

No, yo creo que no tiene nada que ver. El Socialismo del Siglo XXI ha sido una categoría para repensar al mismo Socialismo. Que también apunta a la abolición de la desigualdad dentro de las clases sociales. No se trata de ninguna forma de negociar los intereses de las clases populares, sino más bien de traer el discurso socialista y darle vigencia hacia el presente. Que creo que desde la caída del muro del Berlín hemos perdido esa fuerza como partido político, como grupo de comunistas. No tiene que ver con el Socialismo del Siglo XXI. Pero hay que entenderlo así también: no podemos pedirle al “proceso” lo que no puede dar.  Del 2000 al 2003 en ningún momento, ningún sector de la sociedad, ni ningún intelectual ha pensado en la eliminación de la propiedad privada. Ninguna sociedad puede plantearse una tarea que no puede cumplir. Sólo te planteas las cosas que has considerado necesarias en el desarrollo del movimiento. Desarrollo histórico, en términos marxistas. La sociedad boliviana no se había planteado la eliminación de la propiedad privada como condición para conquistar la igualdad. Nos habíamos planteado, sí, la expulsión de las transnacionales. Era el enemigo primario. No se había llegado a la confrontación de clases todavía, sino más bien a una reivindicación nacional. Y eso ha ido marcando cómo hemos ido avanzando, y creo que en Latinoamérica ha sido así.

¿Y vos ves que en Bolivia el capitalismo, o el neoliberalismo en su momento, llegó de igual forma que en otros lugares del continente? ¿o tenemos una forma diferenciada?

No he tenido la oportunidad de leer cómo llegó el neoliberalismo a otros países. Aquí la cosa es complicada. Caen las dictaduras (1982) y asume un gobierno de izquierda. La UDP (Unión Democrática Popular): un gobierno que de repente había planteado reformas que son interesantes, y que estaba compuesto por miembros que creían que el MNR (Movimiento Nacional Revolucionario) había traicionado la Revolución Nacional (por la de 1952). Hernán Siles Suazo fue un miembro importante del MNR y luego fue presidente en el tiempo de la UDP. A ese mismo gobierno, los partidos de la izquierda tradicional empiezan a cercarlo. Sobre todo el POR, el partido de la IV Internacional, el partido de los “troskos”. En sus discursos: “reformismo, no: ¡revolución ahora!”. Y empiezan a generar movilización. Por otra parte, la élite boliviana, siempre ha sido hábil para identificar quien era enemigo de sus intereses. Hernán Siles Suazo era todo menos un aliado para ellos, y empiezan también a movilizarse. De ese modo, sectores del campo popular, dirigidos por los “troskos”, y las oligarquías, que querían mantener los privilegios que tenían, se oponen a la UDP. Tumban al gobierno reformista que tenía tinte popular; pero después de esto, no viene el socialismo ni la revolución (risas), vienen los 20 años de neoliberalismo. Creo que ese es el regalo de los “troskos” a la historia nacional de Bolivia.

Pasando al panorama internacional, ¿qué busca Bolivia? ¿Cuáles son los cambios respecto a la etapa anterior?

Bueno, creo que en un primer momento, creo que una de las grandes cosas –voy a decirlo sin estar de acuerdo con el neoliberalismo-, los estadounidenses han sido muy hábiles para aislar a un país de otro, separarnos a bolivianos, argentinos, chilenos, ecuatorianos. Nos enfrentábamos de forma separada al imperialismo. La gran virtud de estos procesos es que se ha articulado nuevamente a varios países de Latinoamérica para armar un bloque que se opone al imperialismo y que no está de acuerdo con la hegemonía estadounidense porque no puedes negociar sin negociar tu soberanía con ellos. Y también ha habido una gran ventaja a nivel internacional, el tema de que hayan surgido nuevos polos de negociación. Estamos hablando de India, Rusia, China. Creo que más allá de que no se trate de la misma correlación de fuerzas entre la URSS y los EE UU, y que ahora Rusia es un país capitalista, ha representado una apertura para estos gobiernos de carácter progresista porque ha impedido que se aíslen respecto a los mercados. El capitalismo ha logrado desarrollar una especie de “si no te insertas, o si no tienes aliados, mueres”. Y creo que el hecho de que el mundo ahora tenga varios polos de negociación hace que el imperialismo pierda poder. Estoy hablando no solamente de Estados Unidos, sino de todo el complejo de países que lo conforman.

¿Y para eso hace falta identificarse con estos países alternativos? ¿o no necesariamente?

Esto hay que tenerlo claro: no estimo mucho al presidente Putin, hay que ser franco. Ha sido miembro de la KGB (agencia de inteligencia soviética), del Partido Comunista Ruso. Veo en él un tipo que todavía conserve los principios comunistas-o por lo menos un tipo que no esté de acuerdo con cómo los EE UU dirigen el mundo- y creo que al entrar en negociaciones con Putin no entras en relaciones de sometimiento de la misma forma en que lo haces con Estados Unidos. En Rusia no se ha escrito nunca el Plan de Desarrollo para Bolivia, para Argentina ni para ningún país que haya establecido relaciones con Rusia. Sin embargo, cualquier país que negocie con Estados Unidos tiene que tener el visto bueno para aprobar cualquier ley en su país. ¿qué tiene que ver Estados Unidos con las leyes bolivianas? Creo que tiene ventajas al momento de negociar. Incluso en el tema del uranio, se ha hecho un convenio hasta tecnológico en la cooperación de conocimiento entre los dos países. Creo que es algo que no tendrías con Estados Unidos: van a comprarte recursos naturales pero no te van a decir cómo funciona su tecnología.  Monopoliza la tecnología porque esa es la condición fundamental para mantener su hegemonía como imperialismo. No va a negociar lo que le da ventajas.

Yendo más a tu rol como dirigente de la juventud, ¿cómo la describirías? ¿cómo se manejan, en qué lugares actúan?

En este momento tenemos juventudes en 14 municipios de los 28 que tenemos en Chuquisaca (departamento, similar a nuestras provincias). Con Sucre serían 15, pero no sería una municipal: están distribuidos en distritos territoriales. Si bien están en la mitad de los municipios rurales, están en todo el departamento: Chuquisaca está dividida en 4 regiones: Inti, Chaco, Centro y Norte y las juventudes están presentes en todas. Hay algunas a las que nos falta llegar más allá de que hayan limitado recursos por ahora. Las juventudes no tienen tanto peso en sectores rurales. Se asocian más al sindicato de campesinos: ese tiene mayor relevancia. Sin embargo, en zonas urbanas sí porque allí funcionan las universidades ¡y no puedes llamarte juventud si no tienes acción en esos lugares! (risas). Hemos entrado a 3 promociones este año y pensamos entrar a más. Y estamos haciendo un trabajo interesante con la burocracia del partido, es decir, con las instituciones. Esperemos que tengan resultados de aquí a 2 años. El plan es poder ganar la Federación Universitaria Local (FUL) para el 2019 como partido. Ya no como una estructura que nos identifica con el partido mismo. Queremos dignificar al “proceso de cambio” en la universidad. Esa es la meta que tenemos para este momento.

¿Cómo ves al avance de este proceso en este departamento, en Chuquisaca?

Creo que en Chuquisaca hemos tenido oleadas. El ser el centro del país ha sufrido tanta influencia oriental como influencia occidental, tanto de los quechuas como de los guaraníes. Hay partes de Chuquisaca en las que tenemos fuerte influencia como “proceso”. Te estoy hablando del Norte, Inti y Centro, las regiones que tienen más vínculos con la región quechua. En el Chaco, que es más cercano al oriente, se ve una menor incidencia política como instrumento-excepto en los sectores urbanos-. En los sectores rurales tenemos diferencias con los sindicatos y con las capitales de departamento. Pero es común. La fuerza del MAS es netamente campesina, tenemos casi todas las alcaldías rurales. Sin embargo, las zonas urbanas tienen fuerte influencia de los medios de comunicación a los cuales no hemos encontrado la forma de incorporar al proceso de cambio, y que por otra parte, responden a otros intereses, hay que reconocerlo. Chuquisaca es más o menos así: en el Chaco no hay fuerte incidencia, en las regiones quechuas sí tenemos fuerte incidencia. Y en las zonas urbanas bordeamos entre 37%...hasta el 45% en las mejores épocas, como ésta: hemos ganado la alcaldía en la presente elección.

¿Y qué rol juega la Universidad en este panorama político de Chuquisaca?

Tiene fuerte importancia porque moviliza cerca de 30.000 estudiantes. Muchos de ellos también militan en el mismo partido. Sin embargo, y esto va sin afán de botar veneno, la Universidad (USFX) tiene que dedicarse mucho a sus problemas internos. De ser la mejor de América Latina, ahora está 1037. Creo que Sucre ha ganado imagen a nivel internacional, no por tener FANCESA (empresa cementera que dirigen por tercios el Estado Departamental, el Municipal y la USFX), no por ser un municipio productivo, no por ser la “ciudad blanca”, sino porque tenía aquí la Academia Carolina y el ISBO. Entonces, hay que regenerar las condiciones para que se vuelva a dar prioridad a la academia. La Universidad se ha metido mucho en política, y creo que eso la ha ido degenerando.

¿Qué defectos podés percibir de este proceso?

Hay metas que todavía tenemos que cumplir, y que todavía no se ha trazado nuestra clase dominante: la industrialización de los recursos naturales. Pasar de una economía extractivista  a una del conocimiento. Y consolidar la plurinacionalidad, que es un proceso: no está consolidado, hay que ser francos. Todavía hay gente que no quiere aceptar la indianidad de las comunidades bolivianas.  Prefieren llamarlos “mestizos” antes que identificarse con esas culturas, que llamarlos “indígenas”. El conjunto de la sociedad boliviana acepta la cuestión indígena, pero también hay que prestarle atención al tema estructural: hay un 20% de la población boliviana que todavía vive en la extrema pobreza. Hay sectores, también, a los que todavía el “proceso” no ha llegado, y que son sectores indígenas. Son los sectores del oriente boliviano, con los que históricamente hemos estado desvinculados, y si bien apoyan al “proceso de cambio”, lo hacen más allá de que todavía no hemos llegado a ellos. El tema del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isodoro-Sécure) tiene mucho que ver con lo indígena. Todos nos hemos hecho la imagen de que el indígena estaba opuesto a la {construcción de la} carretera del TIPNIS. Pero cuando se da la consulta popular (la obligación de las consultas populares a las comunidades afectadas por una temática o medida en particular ha sido incluída en la nueva Constitución) , ganamos con el 84%. Pasaba que había hartos intereses con el tráfico de especies exóticas, madera, se dice que también hay diamantes. El punto es que históricamente el oriente no se ha vinculado geopolíticamente a Bolivia, y una de las tareas que teníamos como partido era, justamente, articular a Bolivia. Y es una tarea que todavía nos queda por cumplir. Hacer que, de todo ese “macizo boliviano” (término que utilizó el intelectual boliviano Jaime Mendoza) del oriente, del occidente y de los valles, hacer un solo cuerpo, una fortaleza en vez de punto en contra; y que históricamente las clases dominantes le han dado el significado de “división”, y de debilidad para articular al país. Sin embargo, nosotros creo que hemos sido capaces de verlo como una fortaleza, tanto por su diversidad como por las posibilidades que ofrece a la misma Bolivia de articularse geopolíticamente. Eso, pasar de una economía extractivista a una del conocimiento y que tenemos que cumplir no sólo en Bolivia, sino en Latinoamérica: romper con las cadenas de dependencia tecnológica. De hecho, el concepto de soberanía es útil para esto, en el sentido amplio del término. Alimenticia, tecnológica, científica, productiva, que es algo que hemos perdido desde los tiempos de la colonia.

¿Qué les responderías a los sectores más críticos con el MAS, desde los medios de comunicación a los intelectuales y a los argumentos que ellos proponen?

Los medios de comunicación son replicadores y voceros de la oposición, funcionan bajo esa lógica. La mayor parte de la propiedad de los mismos son de los opositores. De hecho, hay que dirigirse al enemigo que está detrás de ellos, o sea: empresarios. Si evaluamos las estadísticas de cuánto ganaban antes de que nosotros entremos al gobierno y cuánto son capaces de generar ahora, yo creo que deberían militar más que nadie en el proceso de cambio (risas), porque se han ¡cuadruplicado! sus ganancias, producto del aumento en el nivel de vida de los bolivianos. La inflación en Bolivia se ha movido entre el 4% y 5%, pero el salario mínimo se ha cuadruplicado desde que estamos aquí. Somos el país que más ha crecido en la región en ¡casi una década!. Y este año se va a replicar el mismo fenómeno. Entonces, no se trata del precio del petróleo, pues ha bajado. Se trata de cómo hemos sido capaces de articular al mercado interno con la producción. Y de cómo hemos sido capaces de sobreponernos a la baja de precios internacionales del petróleo (YPFB es la empresa estatal de extracción y refinamiento), que nos ha dado ciertas dificultades pero que también nos ha dado oportunidades para ser creativos en ese campo.

Y que Venezuela está sufriendo en este momento también…

Creo que ha sido una de las debilidades de Venezuela. Ha sido el país que ha liberado a todo un continente y ahora está luchando solo. Y que claramente es injerencia norteamericana. No le conviene perder el país en el que más reservas petrolíferas hay. La misma baja del petróleo ha sido planificada desde Arabia Saudí y Norte América, en afán de hundir a Rusia y perturbar a sus enemigos en América Latina. Casualmente, Bolivia y Venezuela tienen fuertes reservas hidrocarburíferas. Ha tenido que ver con eso.

Las relaciones exteriores entre Argentina y Bolivia han dado un giro luego de la asunción de                                                                        Mauricio Macri en 2015

¿Y cómo se puede ver desde acá a la República Argentina?

Yo creo, y hay que ser francos también, veíamos que el kirchnerismo cayó y que iba a ser muy difícil levantarse. También ha sido la imagen que nos han vendido los medios, que han satanizado demasiado al kirchnerismo allá. Sin embargo, en el momento de las elecciones (del 2015), vemos que salen con un muy digno “par a par”, casi un empate. Y creo que hay que rescatar algo importante. En el momento de la UDP, la izquierda no había saboreado el poder por no más de un año. Sin embargo, en este tiempo el pueblo ha sentido lo que es tener un gobierno de izquierda, que puede que lo haya olvidado en el momento que han cuestionado a Kirchner, y ganado Macri. Pero…¿cómo está ahora la derecha? Entonces, creo que la izquierda ha tenido la gran virtud de mostrar que es un gobierno que representa al pueblo. Y la oposición no puede gobernar sino a condición de romper eso, que representa otros intereses de clases y entra como otro tipo de bloque al poder. Ya en este momento, en la época de Macri, aunque los medios no lo hayan visibilizado, pero sí en redes sociales, vimos como el pueblo argentino con orgullo ha vuelto a articularse. Tal vez, no planteando la destitución de Macri, pero sí recuperando la capacidad como movimientos sociales de exigirles al Estado que responda a las necesidades de la sociedad. Entonces, creo que hemos sido capaces (en plural) de articular el movimiento, y es la debilidad de la oposición en países en los que hubo gobiernos progresistas. Temer la tiene dura también en Brasil. El ganador que se perfila, de hecho, es Lula. A nivel político, creo que la pérdida del poder ha sido muy desventajosa. Pero ha traído la gran virtud de unificarnos, encontrarnos como izquierda, y volver a recordar quién es el verdadero enemigo. Creo que lo olvidamos en tiempos del poder, cuando vemos al camarada como un posible enemigo o al compañero con el que no compartimos del todo ideológicamente, que es lo que está pasando aquí en este momento. Dudo que en Argentina se estén planteando eso como prioridad. En Argentina se están planteando como prioridad a la derecha como enemigo. Sin embargo, aquí la discusión torna en que la derecha de antes, ahora está aquí, y es una discusión en la que no se tiene que gastar energías. Ya perder el poder allá, nos ha permitido identificar al verdadero enemigo, y volver a saber lo que es el imperio norteamericano, y esa es una virtud del movimiento. Veamos cómo utiliza la misma derecha argentina y la misma izquierda argentina la capacidad de articular y de regenerarse, de eso  va a depender mucho el 2018.

Para finalizar, ¿cómo ves el futuro? ¿Será con el MAS siendo cabeza del proceso?

(Respira y se sincera) Ha sido complicado. El 21 de febrero ha sido el primer baldazo de agua fría que hemos recibido. Teníamos confianza a ganar con el 54%, porque era una elección ¡difícil!...

Estás hablando del referéndum por la repostulación de Evo Morales…

Del referéndum. Es el dato que más tenemos que rescatar. La confianza se basaba tanto en medios propios como en opositores. Comúnmente subimos 2 o 3 puntos más de los que nos dan los medios. Los votos rurales llegan tarde y nunca se hacen encuestas en esos sectores. Sin embargo, la derrota del 21 ha sido un hito para que el partido empiece a repensarse. Bolivia ha cambiado bastante en este último tiempo. No pensábamos que la oposición sacaría las cosas que ha sacado. Nos considerábamos vencedores antes de que ocurra el caso Zapata (expareja de Morales) que ha influido bastante en la decisión de la población. Creo que ha sido un momento en que la opinión pública fue deformada lo suficiente. Ha sido capaz de trasladar al voto indeciso a favor del “NO”. Y gran parte de la población no ha ido a votar, de hecho esa parte estaba con nosotros pero prefirió no ir. La gente que apoyaba el “NO” ha ido directamente a votar, saben que tienen que ir para sacarnos de los espacios del poder. Sin embargo hay vías legales que podemos tomar y por las que no hemos optado en su momento. De hecho, la Constitución señala que “el mandato termina por renuncia, muerte u otros tipos de factores.” Entonces podemos terminar el mandato por renuncia y eso va a estar sujeto a la interpretación que haga el Tribunal Constitucional. Si vamos con Evo, tenemos fuertes probabilidades de ganar de manera contundente. Con otro candidato, sería difícil. Sobre todo porque ahora la oposición se ha vuelto a articular bajo uno solo, y es posible que sea Carlos Mesa Gisbert. Es un candidato que puede representar a clases medias y altas. Pero no creo que tenga posibilidades de romper con los núcleos duros que tenemos en el campo y en los sectores peri-urbanos.

¿Crees que en el fondo, la sociedad valora a los cambios que se hicieron en estos años?


Yo creo que la gente se ha acostumbrado a nosotros, como ha pasado en Argentina. Y por eso puede pasar que mucha gente no distinga entre nosotros y la oposición. ¿qué pasaría si entra un gobierno de derecha? (risas). Y eso hay que preguntárnoslo al ver el caso argentino. Todos decían que Kirchner y los opositores eran lo mismo. Al menos ese era el discurso de la izquierda trotskista. Y también el de varios medios de comunicación que habían identificado a esos gobiernos progresistas con la corrupción. Han sido hábiles para manejar ese discurso. ¿Y ahora qué pasa con esos gobiernos de oposición? ¿qué le está pasando a Macri y a Temer? Ese es el claro ejemplo de lo que puede pasar la oposición. Y da esperanzas, porque sabemos que si aun perdemos, todavía tenemos la oportunidad de seguir luchando, no van a matarnos nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario